Estaba cansada de entrenar. Pero entonces pensé en Ruth Bader Ginsburg

by adster988
0 comment

Es difícil pensar en otra mujer estadounidense de edad avanzada que haya sido reconocida, al mismo tiempo, por su tremendo intelecto, su poder profesional y sus hábitos de ejercicio. (Claro que esto tal vez se deba a que, al momento de querer analizar lideresas, simplemente tenemos menos opciones para escoger). Vivimos en una cultura que todavía goza de separar a los deportistas de los estudiosos. Sin importar tu género, el ejemplo que daba la jueza Ginsburg sugería que esas divisiones son falsas: puedes ser inteligente, poderoso y fuerte a la vez.

El valor de Ginsburg como modelo para los cientos de mujeres que han seguido sus pasos en el ámbito jurídico y en escaños judiciales de todo el país ha sido ampliamente apreciado y, con justo derecho, conformará la mayor parte de su legado, junto con las maneras en que ayudó a moldear la ley para apoyar a grupos subrepresentados en la corte.

No obstante, para mí, también fue poderoso verla poner el ejemplo en cuanto a cambiar lo que significa actuar como una mujer mayor moderna, sobre todo con respecto a la relación que tenía con su cuerpo.

Ginsburg cambió drásticamente los modelos de lo que el ejercicio puede ser para las mujeres, particularmente para las mujeres de edad avanzada en un país que valora la juventud. No se ejercitaba para verse más pequeña ni para ocupar menos espacio. Su hábito de hacer ejercicio no solo period un símbolo seen de su resistencia y su disposición a reinventarse, sino también un indicio de su determinación a sobrevivir.

Si ella podía hacerlo, yo también podía.

La última vez que me sentí cansada después de una sesión maratónica de llamadas de Zoom, recordé que tres semanas después de someterse a una cirugía mayor de cáncer en 2009, Ginsburg estuvo presente en el discurso del estado de la unión. ¿Qué excusa tenía yo? Salí a correr.

En otoño del año pasado, cuando me cansé de correr mientras entrenaba para una carrera y pensé que jamás sería tan rápida como lo period antes, recordé que varios años después de cumplir 80 Ginsburg aún hacía 20 lagartijas, en collection de 10, y tampoco se quedaba dormida hasta tarde. Yo podía correr esos últimos kilómetros. También podía mantener el ritmo.

Cuando empecé a cansarme al escribir esto, preocupada por los correos electrónicos que no había enviado y mis listas interminables de pendientes, recordé que hace apenas unos meses la jueza Ginsburg criticó a sus colegas de la corte por abandonar “a las trabajadoras a su suerte” en materia de anticoncepción durante los alegatos orales del caso, en los que participó desde una cama de hospital debido a una complicación en la vesícula biliar. Ella no se rindió, así que yo estaba bien.

Lindsay Crouse (@lindsaycrouse) es redactora principal del departamento de Opinión de The New York Occasions.

Related Posts

Leave a Comment